jueves, 28 de febrero de 2008

Los hábitos alimentarios podrían reducir la esperanza de vida


La cuestión no es si se puede comer bien, sino si hay las condiciones óptimas para hacerlo, dicen los expertos
Un informe advierte sobre la mortalidad prematura de los niños y jóvenes que hoy padecen sobrepeso u obesidad
Por primera vez en la historia de la humanidad los hijos podrían llegar a vivir menos que sus padres como consecuencia de la aparición de enfermedades degenerativas asociadas al sobrepeso y a ciertos hábitos alimentarios inadecuados. Si la esperanza de vida no ha dejado de aumentar en la mayoría de los países del mundo -en España ha pasado de los 34 años en 1900 a los más de 79 en la actualidad-, la dificultad de compatibilizar las exigencias de la vida moderna con una alimentación sana está incidiendo en un incremento de la obesidad que podría desembocar en el hecho de que la esperanza de vida de la población comience a descender en la siguiente generación. La advertencia la lanzan los autores del estudio Alimentación, consumo y salud, coordinado por los sociólogos Cecilia Méndez, de la Universidad de Oviedo, y Cristóbal Gómez, de la UNED, y que ha patrocinado la Fundación La Caixa.
Según el estudio, la obesidad infantil -calificada por la Organización Mundial de la Salud como la epidemia del siglo XXI- se produce en el 95% de los casos por factores medioambientales relacionados con estilos de vida sedentarios así como hábitos alimentarios que favorecen un depósito gradual de grasas. Entre los problemas generalizados que ocasiona la obesidad se encuentran el síndrome metabólico, que aumenta considerablemente el riesgo cardiovascular, y la aparición de diabetes tipo 2.
Además de la ingesta excesiva de productos azucarados, embutidos y refrescos, y el hábito del sedentarismo, los expertos subrayan la dificultad creciente que existe en todos los países para acceder a productos frescos, obligados a competir con la mercadotecnia de la industria alimentaria de productos de consumo rápido.
«Ahora aprendemos lo que es bueno para comer a través de los medios de comunicación, las revistas o Internet, y no a través de las madres, como hace unas décadas», explica Cecilia Méndez. Los expertos advierten de la divergencia que existe entre la imagen que se interioriza de nuestra alimentación y lo que realmente consumimos. Según datos del Observatorio de la Alimentación, el 52% de los entrevistados aseguran que el primer factor que tienen en cuenta a la hora de elegir los alimentos es «la salud»; pero en las respuestas espontáneas un 91% señalan que consumen los alimentos que «más le gustan o apetecen». El resultado es que en España las cifras de obesidad infantil se han duplicado en los últimos veinte años entre los niños de 6 a 13 años, y la prevalencia de la enfermedad es del 15%, solo superada por Estados Unidos y el Reino Unido.
Según el doctor Javier Aranceta, de la Sociedad Española de Nutrición, la obesidad induce a enfermedades crónicas que acortan la vida, y en el caso de jóvenes que la padecen pueden desarrollar 30 años antes de lo previsto factores de riesgo «que apuntan a una mortalidad prematura o una esperanza de vida más corta».
La cuestión no es si es posible comer bien, sino si existen las condiciones sociales óptimas para que todos los ciudadanos puedan alimentarse saludablemente, plantean los expertos.


Fuente:

La Voz de Galicia.es

28 de Febrero de 2008



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